miércoles, 19 de octubre de 2011

Impasse

Sin ficción hoy. Que lleva a una persona con recursos de prescindir de otra que trabaja para él, que tiene hijos, familia... y de un día para el otro lo pone en la situación de desesperación al despedirlo, con todo el embole mental que eso conlleva? Un aviso previo, cuestión de códigos que ya no existen... porque en el fondo se trata de eso. Entiendo que todo sea un negocio, incluso formo parte de ello, pero mantengo mis códigos.
Una pésima noticia el saber que una familia con dos chicos pequeños se quedo sin sustento... cagarse en la gente de esta manera, prescindir de una persona como si de un mueble se tratara sin pensar en lo que hay detrás, mas que de "negocios" se trata de cuan hijo de puta se puede ser y no sentir remordimientos.

LGS

domingo, 16 de octubre de 2011

Cerrado por derribo

Acabo de tomar la decisión de cerrar por derribo mi corazón y mi mente.

Mi razón está en estado vegetativo. Dieciocho años de convivir con la mujer que más amé en la vida, madre que me hizo padre de dos hijas maravillosas me han quemado la cabeza.

Quizás yo verdaderamente sea el hijo de puta que ella ve. Quizás sólo sea un simple pelotudo enamorado, temeroso de perder su amor que hizo lo imposible por decodificar sus deseos, escuchar su discurso para obrar en consecuencia y siempre terminar mandándose una cagada.

Hoy no lo sé.
Hoy, no sé nada, en realidad.

Solo siento dolor, preocupación por mis hijas adolescentes, un desconcierto abominable.

En fin, tal vez sea una locura cerrar por refacciones este lugar donde me quería expresar, pero hoy no siento ganas ni de eso.

Nos estamos viendo, espero que pronto.

Y si no, pregúntenle al Barba.
Si les dá bola.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mirame

En serio vas a hacer eso?

En serio te vas a fijar en él?

Miralo bien, estás segura?

Qué boluda....

Mirame mirame mirame mirame mirame mirame... uy!!! me miró.... la puta madre....

Mirame mirame mirame mirame mirame mirame mirame mirame.... no no... no te vayas!!!...

Ok. Se fue. FUE!!.

No no!!, ahi vuelve!!!

Mirame mirame mirame mirame mirame mirame mirame... oh! ups! no!

Se fue de nuevo. Definitivamente fué!!

Fue? Mmmmm.... Naaahh, qué va!! Si es tan divino... ups! Volvió...

Hablame hablame hablame hablame hablame hablame....

miércoles, 12 de octubre de 2011

De la soltería y otras hierbas

Después de mucho tiempo de estar enamorada y en pareja, encontrarte de repente con que estás soltera es toda una situación. Especialmente para las mujeres. Tu vida cambia de manera radical. En todo sentido. Pero básicamente, te da letra. Mucha letra.

Cuando llegás a los (casi) 30 sin concubino (bonita palabra si las hay -?-) ni marido (o ex) y sin hijos, aunque vos te tomes un cóctel de superación y el resto del mundo te diga: 

"¡Pero hoy eso es re normal! Es nuestra generación, estamos viviendo una adolescencia tardía"


... te transformás en un bicho raro. Y qué decir si no tenés un novio mínimamente "formal". Ahí sos una freaky total. No importa si hasta hace un tiempo estuviste enamoradísima y tu historia fracasó, lo único que cuenta para el resto del mundo es que, hoy, a tus (casi) 30, estás sola. Algo mal debés estar haciendo. Algún "defectito" tenés que tener. Para colmo de males, nunca faltan los descerebrados de turno que te joden la existencia momentánea con sus comentarios desafortunados de mierda. El último que tuve la suerte de escuchar fue el de una persona a la que veo todos los días, pero de la cual, por cuestiones de supervivencia (?), voy a evitar dar más detalles. Vamos a llamarla "Susanita".

Susanita es esa mina con corazón de señora mayor que ronda los 36 años, que se casó a los 18 y que viene pariendo desde los 19, tomándose un respiro entre pendejo y pendejo sólo para que se le acomode la cachufleta en su lugar antes de tener otro. Es divina, pero su mundo se limita a la maternidad. ¿Divina, eh? Pero con una visión del mundo, definitivamente, diferente a la mía. No le importa si no se va de vacaciones hace 10 años, si vive preocupada porque la plata no le alcanza y tiene que hacer magia (y mucha magia) para llegar a fin de mes. Ella procrea, procrea, procrea. Sin pausa. Y todo bien con que cada quien haga de su útero lo que le plazca, pero decididamente, no es lo que quiero para mí.

Cuestión que charlando sobre los hijos, la familia y demás, cuando te toca el turno de "justificar" por qué si te gustaría ser madre, "todavía" no lo sos, vos decís que sí, que te gustaría ser madre pero que el "detallito" es que hoy en día no tenés un "pito" que materialice ese deseo. Sí, ok, pitos hay a montones, pero vos querés un pito acompañado de un cuerpo provisto de una personalidad que te guste y, como si eso fuera poco, que partecita a partecita compongan un hommo sappiens en su mayor punto de evolución genética (?) del que te enamores locamente. Sólo así querrías ser madre: compartiendo eso con alguien de quien estés total y absolutamente enamorada. De lo contrario, no. 

Pero Susanita, la mamá feliz de cachufleta baqueteada, incapaz de comprender razones que puedan alejarte del leit motiv de su vida que, como ya dijimos, es parir cueste lo que cueste como si fuera una mártir que por un llamado celestial tiene a cargo la misión de asegurar la continuidad de la raza, te dice algo como:

- "Y Lu, pero ya tenés (casi) 30... si querés tener hijos tenés que ver de que no pase demasiado tiempo, ya sos grande...".

Y vos la escuchás mientras tu cerebro automáticamente empieza a hacer números. Te empezás a acordar de que recién vas por la quinta cuota de ese electrodoméstico divino (pero carísimo) que compraste y que si la matás ahí mismo, por más que alegues emoción violenta, te vas a quedar sin laburo y no da. Entonces tu cuerpo vuelve en sí y con la mejor sonrisa de la compañera del año, le decís: 

- "Y sí, pero bueno, qué le vamos a hacer... Es lo que hay".

Claro, tu respuesta automática, sincera e instintiva hubiese sido otra. Pero la vida en sociedad impone ciertas pautas de comportamiento e interacción para con el otro que no permiten que "seas vos". Tenés que caretearla, conservar la postura, ser diplomática, mantener los "buenos modales". Porque sí, claro que quiero tener hijos Susanita, pero... ¡HOLA! A ver, decime mami: ¡¿Cómo carajo se te ocurre que puedo pensar siquiera en la idea de tener un hijo sin un hombre que me ame y viceversa?! Claro, a lo mejor vos pensás que debería ir a un banco de esperma... Pero cómo no se me ocurrió antes ¡qué pedazo de idea! 


¿Acaso no es el sueño de toda mujer ir a una clínica, abrirte de gambas y que te metan el esperma de un desconocido "ahí"? (eso sí, desconocido pero de ojitos azules, cuerpo para el crimen y doctorado en Harvard).

Por no mencionar lo maravilloso que sería pasar esos nueve meses sola como un hongo de montaña mientras no tenés a quién contarle cómo patea tu bebé. ¿Y qué me decís del parto? ¿Hay algo más atractivo que estar sola gritando como un chancho mientras lo hacen jamón ahumado y que la única que te sostenga la mano sea una enfermera? ¡El sueño del pibe!


Y encima me dice "estás grande"....  ¡¡¡Grande!!!


¡¡¡¡¡Grande tenés vos la concha, Susanita cachufleta baqueteada y la puta madre que te parió!

martes, 11 de octubre de 2011

II

Encontrar emociones siempre es una búsqueda y a veces se revela infructuosa. Con Juan y Pablo vagábamos en nuestros tiernos 10 años por los baldíos del barrio con todo el repertorio semi agotado. Armar chozas de ramas sobre árboles, ser el defensor del fuerte ante el ataque de los indios (según el día, prefería ser el indio. Nunca me gustó la caballería), jugar a las bolitas, escondernos entre la arboleda, cavar un pozo y cocinar papas… Llega un punto donde todo, incluso la diversión, se torna aburrida. Y da paso a dejar la actividad, sobre todo en las tardes de mucho calor, para tumbarse a la sombra de algún árbol, manos en la nunca y especular sobre el futuro. 
Juan pensaba ser boxeador. Tenía en mente ser como Monzón, conquistar alguna actriz famosa y mostrarle al mundo que era zurdo y pegaba fuerte. Nunca supe si realmente lo hacía (lo de pegar fuerte) ya que no se peleaba con nadie. De hecho llamaba la atención que esa fuera su idea, meterse en un deporte tan violento cuando no daba imagen de eso. Pero eran épocas donde creíamos ciegamente en la palabra del otro y casi diría que lo tome como un acto consumado.
Pablo no tenia nada decidido, pero se la pasaba en el taller mecánico de su padre. Engrasado, jugando con bujías o extremos de dirección que le costaba muchísimo levantar. ¿Por que no seguir la tradición familiar, ya que su abuelo había sido tallerista en su Roldán natal y su padre había continuado la dinastía de expertos en motores de combustión interna ahora en nuestra ciudad? Parecía el paso lógico y seguro, ya que tenía donde aprender e incluso donde realizar sus primeras armas hasta que reuniera dinero y abriera su propio taller; eso sí, bien lejos del de Don Paco, su papá. No se llevaban muy bien por algún motivo nunca aclarado. Don Paco jamás lo miraba con un gesto de aprobación por lo que hacía. Un tipo parco, de palabra difícil.
Por mi parte, era el más chico del grupo y, a esa edad, dos años menos significan un abismo en cuanto a madurez. Una vez mencione la arquitectura, pero no tenía idea de qué significaba realmente eso, a pesar de aferrarme a la idea con una tozudez propia de una mula. También me gustaba leer, pero no había nada en el ámbito de las profesiones que se basara en la lectura de safaris fotográficos o diccionarios enciclopédicos (no había otra cosa en casa así que los releía sin interrupción, una y otra vez, hasta casi saberlos de memoria).
Lo cierto es que pasábamos las tardes casi sin jugar, charlando sobre vecinos, nuestros padres y la penitencia que nos habían endosado por algún “error” cometido en el cumplimiento de las reglas de la casa, la hermana de Ariel que era bien linda pero no nos miraba demasiado, los perros del viejo Vitale y cualquier auto que pasara ante nuestros ojos. Coincidíamos de forma absoluta en que lo mejor eran Los Abuelos de la Nada. Belle époque, si se quiere.
Treinta años más tarde seguía con una búsqueda similar, en un camino lleno de baches (y sin haber evitado caer en ninguno de ellos). Una búsqueda bastante vacía, pensando que las emociones jamás eran lo suficientemente fuertes. Absolutamente solo, los amigos habían quedado en el camino… o más bien se habían desvíado a rutas que yo no pensaba seguir, donde sus copilotos eran una esposa y varios hijos. El camino que te lleva más rápido al cementerio.
Fuera de época, era un extraño entre jóvenes con costumbres pasadas. Un extraño entre pares, encaminados hacia la rutina matrimonial o laboral. Mi valija de viajero tenia miles de calcos de todos lugares pero a esas calcos jamás las había pegado yo. Estaban ahí y nada más.
Las experiencias con travestis, sin embargo, me resultaban sorprendentes. Tenía una idea formada sobre el tema que rayaba la ridiculez. Pensaba que se podía obtener lo mejor de cada sexo y dejar de lado lo peor (llámese compromiso, estabilidad emocional, madurez…) en pos de una fiesta permanente, de un saciamiento de la búsqueda de emociones, al menos por un rato.
Y ahí me encontraba, totalmente lanzado en un ménage à trois (acuerdo doméstico entre tres personas para mantener relaciones sexuales) en una fiesta totalmente retro ambientada en los años ochenta. Los travestis que me acompañaban eran cautivantes. Creados sus cuerpos para la fiesta, el placer de la carne; embellecedoramente alienantes. Trémulos por momentos, avasalladores también. Un remolino salvaje que invitaba a tirarse de cabeza sin pensar en el oxígeno necesario para sobrevivir a la experiencia. Con un dejo de nostalgia en sus miradas, un anhelo de sueños incumplidos. Manejados como títeres por el ritmo salvaje de la música. Casi en un estado de hipnosis difícil de romper por propia voluntad.
Como era de esperarse, cada nueva canción nos arrancaba gritos de nostalgia, antiguos rituales de baile, emociones olvidadas. Ni hablar si eran en nuestro idioma. En ese caso alcanzábamos el sumun del disfrute. Así estuve toda la noche antes de llevarlos a sus casas. Volvimos a la juventud y terminamos el viaje cuando se encendieron las luces. Juan seguía viviendo en el barrio de nuestra infancia. Pablo no. Estaba al extremo de la ciudad, donde había abierto su taller mecánico. Por supuesto, demoramos la llegada hasta que el compact de Los Abuelos de la Nada ya había dado suficientes vueltas en el reproductor. Hasta diría que la misma cantidad de vueltas que también habíamos dado nosotros.

LGS
Juan y Pablo son dos amigos reales de mi infancia. Mi saludo para ellos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Álbum debut

- Lo siento, el servidor de correos no estará disponible hasta la tarde – repicó la voz cascada en el teléfono.

Quedaba claro que antes y después del llamado su situación era la misma y que su acidez estomacal no iba a desaparecer así porque sí.

- Insisto. Necesito una solución ya! – exclamó.

- Créame que lo entiendo, pero el desperfecto excede a lo que podemos hacer desde esta mesa de ayuda y estamos esperando el servicio técnico.

- Vas a bailar con las más fea - pensó mientras colgaba el auricular e imaginaba el “chucu-chu, chucu-chu” de la monótona letanía que su jefe le descargaba cada vez que alguna complicación asomaba en el horizonte de la tarea cotidiana.

Se dirigió al baño, cumplió paso a paso el masculino ritual de jugar con las bolitas de naftalina de colores, lavarse las manos, mirarse en los espejos como si no se conociera de memoria cada rasgo, y reírse internamente de los ruidos que provocaba el estreñido de turno detrás de la puerta de uno de los boxes.

- ¡Cuánto falta para la noche de hoy! – le susurró sorprendido a su cara frente a él.

Decidió que no iba a soportar a su jefe. Averiguar en la Escuela de Danzas Nativas de la otra cuadra por las clases de malambo para Luca, su hijo de ocho años, era una alternativa más que interesante para ocupar el resto de la mañana.

Atravesó la puerta de entrada a las oficinas. Miles de sonidos, desquiciados ruidos, lo recibieron demostrándole que el centro de la ciudad no era para todos. Un semáforo lo encontró pensando en cuanto amaba el Blues. De la ventana próxima se escapaban los acordes de una banda de garaje que intentaba darle forma de cover al Rockabilly para siempre de Ciro y Los Persas.

- Me gusta más el blues del gato sarnoso – pensó mientras descubría que la versión sonaba bastante similar a la original.

Tanteó el bolsillo de su campera para verificar que su armónica compañera de antaño estaba en su lugar y giró en dirección a la puerta de las salas de ensayo.

Se detuvo. Dudó. Pensó.

Obviamente, entró.


(Dedicado a los seguidores de Ciro y Los Persas)

jueves, 6 de octubre de 2011

Mi día existencial....

Me duelen los pies. Hoy sí que me hicieron laburar. LPM!!!! Al menos me saqué los tacos de mierda que me hacían ampollas en mis pequeños pies.
Él no me da pelota, lo veo pasar en el día unas dos o tres veces, va y viene, creo que si me saludó una o dos veces es demasiado, pendejo pelotudo. MIRAME!!! EXISTO!! (?)
El oculista me dió, por fin la noticia que tanto esperaba! Hace dos años que se me estancó el aumento de mis ojos y ya estoy como para la cirugía! Salí de ahí contentísima!! En el auto venía llorando de la emoción!
Anoche no dormí una bosta, llovió que parecía que se caía el cielo, truenos, relámpagos, mucha lluvia, mucho ruido, por suerte la perra fue re pata y durmió, ni se enteró de lo que pasó afuera, y yo en parte tampoco, es más, me di cuenta de que había llovido cuando salí con el auto y vi las calles inundadas, la puta, esta bendita ciudad que no está preparada para una lluvia. Tengo que lavar el auto.
Hice catarsis en este día haciendo compras, de una me gasté unos $500 de un tirón, ropa, anteojos, cd's y un frappé mocca que me terminé de tomar rumbo al laburo. Soy mujer, no se podía esperar menos, o si?
Estoy contenta porque los Jueves son especiales (?) ME CAMBIAN LA CARTELERA!!! (como si fuera tanto al cine.... sólo voy cuando realmente pienso que vale la pena gastar unos 70 mangos -incluidos los pochoclos, la gaseosa, algo dulce extra ;) y la entrada ehh-)
Mañana por fin viernes!! Me quedan dos días y finde largo!! Iujuuu!!!
Estuve pensando en mi tesis, mis exposiciones, mis fracasos y mis triunfos, mierda, esta noche no sé si duermo otra vez. Cuando la cabeza me anda a mil no me da para dormir, me despierto, pienso, doy media vuelta y me duermo, me despierto, miro el techo, muevo a la perra, miro la pared y me duermo, me despierto, miro la hora, pienso en que antes, quizá me hubiese levantado a fumar un pucho... ahora no. No fumo más! Aunque me muero de ganas y eso me estresa de la misma manera.
Encima hoy pensaba que por segundo año consecutivo no voy a pasar el día de la madre con mi vieja, no sé que me pone peor, que ella esté en el caribe o que no lo pase conmigo!! (en realidad lo que me urge es que me traiga el perfume del freeshop que le encargué!)
Necesito ordenar mi cabeza, relajarme y ser menos histérica, querer a alguien (?) (YO?? como si fuera posible!!) y sentar cabeza, vamos!! Asumir responsabilidades no es tan malo después de todo!! O si? Ay, carajo!!! No tengo ni la más puta idea!!!

martes, 4 de octubre de 2011

(Falta de) Inspiración

Se supone que el post con el que uno inaugura su participación en un blog debería ser, cuanto menos, interesante. Entretenido, audaz, atrapante. Lamento informarles que, en mi caso, las suposiciones se han ido a la mierda y que mi post no es ni entretenido ni audaz ni atrapante. La frase "No se me cae una idea" hoy me viene como anillo al dedo.

Para serles sincera, nada de lo que escribo en este momento de mi vida da para publicarlo en este blog. No sé, no me pregunten, porque ni yo entiendo qué carajo le está pasando a mi cabeza ¡pero no me sale nada! O sí, me sale, pero lo que escribo en este momento no es lo que quiero escribir ni publicar... 

Publicar lo que hoy escribo es confundir este espacio con el diván de mi psicoanalista y no da. O da, pero no quiero. Para algo le estoy pagando al usurero ese la mitad de lo que pago por el alquiler de mi departamento. Pero se ve que no me alcanza porque cuando me siento a escribir no hago más que seguir escribiendo sobre las mismas pelotudeces existenciales que hablé con él durante una hora y media. Eso sí, debo reconocer que el sillón en el que apoyo el culo durante la sesión, vale cada centavo. Sentarse ahí es como sentirse Luis XIV. Como en las películas del Rey Sol, así me siento, valga la redundancia, cuando ahí me siento (?).

Iba con una minita, simpática ella, pero la cambié por éste porque la otra me parecía una pelotuda. Este parece que sabe y hablar con él a veces me gusta aunque otras tantas siento que estoy perdiendo el tiempo, ¿viste? Pero al menos está fuerte. Sí, sé que no da ni ahí que me guste mi psicoanalista, de hecho no me gusta, pero está bueno. Tiene una onda Richard Gere (onda dije, no es igual, si fuera igual en este momento en vez de escribir estaría suplicándole que me deje llevar a cabo la sesión sentada en su falda):  buen físico, cuarentón, canoso, mirada intensa, sonrisa seductora y una voz cálida y suave, pero masculina que, al escucharla, te hace sentir que no tenés problemas. Pero los tenés, claro. Quizás esa voz sea una estrategia para que le sigas pagando. 

Igual es medio veterano, así que aun cuando esté bueno, no da en el target de lo que yo necesito para llevar a cabo mis planes de futuro. Y, de todos modos, juré y perjuré no volver a enamorarme de un tipo que cuando habla, parece que se las sabe a todas. Así que mi psicoanalista no califica en lo más mínimo y, por ende, es simplemente para mirarlo. Y escucharlo, claro. Mirarlo y escucharlo, ponele.

A lo que iba... No me quiero transformar en la mina que cuando escribe destila bronca, dolor y despecho contra el tipo que le rompió el corazón. Tampoco en la mina que se la da de superada y te tira un: "Ya fue, tipos hay a montones, estoy feliz, la soltería me queda pintada y estoy pasando mi mejor momento". Quiero ser sincera, escribir sobre mí, sobre lo que soy y lo que quiero, lo que tengo y lo que siento... Quiero mostrarme ante ustedes simplemente como soy. Quiero a través de mis líneas ser yo... ¡pero ser yo hoy duele! 

Y me cansé de que duela, mierda. Me cansé de gastar plata preguntándole cosas al usurero porque no hace más que responderme que "sola vas a ir respondiendo tus preguntas" y, para ser honesta, esa clase de respuestas me hacen sentir como si estuviera leyendo un puto libro de Osho que, indudablemente, es mucho más barato que lo que él me cobra para que yo termine por extraer la misma conclusión. Inútil, por cierto, porque a toda esa pseudo filosofía pedorra y que cuando estás mal no te sirve para un carajo, ya la conozco.

De todas maneras para hacer honor a la verdad, debo reconocer que mis charlas semanales con el psicoanalista me han permitido extraer un par de conclusiones que, al menos por ahora, me son relativamente útiles. Porque mi problema no es existencial, tengo claro quién soy y qué quiero para mi vida. De hecho me va de puta madre en un montón de aspectos. Mi problema actual es amoroso. Sentimental, que le dicen. A eso lo tengo claro.

Así que este tipejo que se llena los bolsillos a costa de mi amargada existencia emocional, me ha ayudado a tener claras un par de cosas, por ejemplo, de qué clase de hombres no voy a enamorarme nunca (más). O planteándolo desde otra perspectiva, de qué clase de hombres quiero enamorarme. El hombre con el que quiero pasar mi vida debe cumplir los siguientes requisitos:

- Vivir en un radio de 30 kilómetros a la redonda
- Que le guste tener las ventanas de la casa abiertas para que entre el sol
- Tener muchas ganas de que seamos papás y formar juntos una familia
- Disfrutar de la mesa familiera los domingos con los tuyos, los míos y los nuestros
- Amar la música y los recitales, aun aquellos llenos de fumones
- Que le guste viajar tanto como a mí
- Que sea soltero, heterosexual (hay que aclararlo, uno nunca sabe ¿vio?) y en lo posible sin hijos (no doy en el perfil de "madrastra" y no tengo ganas de fumarme a una ex de por vida)

Todos estos requisitos son excluyentes, claro. Y no, no estoy dispuesta a negociar. Una vez negocié y me fue como el orto, así que ahora quiero que sea así. No de otra forma. Y quizás algún puto día los planetas regentes en mi vida se alinean y, por qué no, hacen que el hombre que reúna esas condiciones aparezca en mi vida y hacen también que me quiera y que se vuelva loco de amor por mí. Y con un poco de suerte, capaz que también hacen que yo lo quiera, que me vuelva loca de amor por él, que no me importe si ronca, si vuelve de jugar al fútbol lleno de barro y me ensucia la casa... Que todos y cada uno de sus detalles, por hermosos u odiosos que me resulten, me hagan amarlo con locura porque por ellos él es quien es.

Independientemente de todo lo anterior, por el momento no busco a ese hombre. De hecho estoy en una etapa de ir soltando el amor que todavía siento por quien, alguna vez creí, sería el hombre de mi vida. Pero tengo claro que, cuando me sienta en condiciones de amar otra vez, quiero que EL tenga esas características. Y muchas más, claro, que me gusten y que no, pero quiero que seamos compatibles, que no haya obstáculos ab initio, que no tengamos que remarla de arranque, ¿me entendés? Porque se supone que uno tiene que remarla después, no cuando empieza. Eso se lo dejemos a Romeo y Julieta, no a mí que soy un ser humano mundano y corriente. A mí traeme un tipo con el que pueda ser feliz por unos cuantos años y que quizás después, cuando el peso del tiempo y la rutina caiga inexorablemente sobre la relación, tengamos que remarla. Pero al principio no, viejo. Dejate de joder. Al principio deberíamos poder vernos cuando se nos ocurra, besarnos hasta que nos duelan los labios, coger hasta que el cuerpo diga basta, reírnos a toda hora y ver derrumbarse el mundo por la ventana y que no nos importe porque estamos juntos y la felicidad nos hace cosquillas en cada rinconcito del cuerpo. Así de exagerado, así de enamorados, así de locos.


Ahora... Vos mirá cómo son las cosas, Martha: no sabía qué mierda decir y, sin embargo, algo terminé diciendo. Pero terminé diciendo las mismas boludeces que le digo a mi psicoanalista (salvo que está fuerte, que su voz es sexy, que quiero robarle el diván y que es un usurero, claro) y se supone que no era eso lo que iba a decir.

¿No te digo yo? estoy jodida y no se me cae una puta idea. No sé si me explico. ¿Me explico?

domingo, 2 de octubre de 2011

Voy a tratar de hacer un poco de ficción pero, como siempre, soy el peor en lo que mejor me sale...

Tengo un auto grande y fuerte. Bien grande, bien fuerte. Siento como vibra debajo mío, a mi alrededor y sé lo que tengo que hacer. La primera vez lo hice con timidez, casi con un temor reverencial. Muchas cosas me habían contado al respecto (la mitad mitos, la mitad verdades… a medias) pero sólo una era cierta: sólo cuando lo hiciera iba realmente a saber la diferencia. Esa vez, la del debut, fue con una viejita que venía de hacer los mandados. Al menos llevaba unas bolsitas en las manos y en ellas se dejaban entrever verduras varias. Incluso unas remolachas atadas en paquete que amenazaba caerse… Supe que iba a ser nuestra primera vez (nunca se lo pregunté realmente) al verla distraída intentando contener la avalancha de remolachas rumbo al piso. Frené desmesuradamente hasta casi tocarla y, cuando vi que el clímax de espanto y de horror al pensarse atropellada estaba en su punto álgido, accioné la bocina con toda la furia. Los colores terminaron de desaparecer de su rostro como por ensalmo. La sensación fue maravillosa, una descarga impresionante y, por qué no, un cierto grado de vergüenza posterior.
Luego siguieron varios más, rapiditos, sin saber bien de quién se trataba hasta mi primera experiencia con una embarazada. Había buscado ese fetiche con ansias. Sabía que había muchos que pensaban igual. La intercepté en una esquina, mientras doblaba. Tirarle la mole de mi auto encima, el frenado chirriante, el olor a caucho quemado hicieron del momento “la noche ideal”. Sólo faltaba una canción de Frank Sinatra.
La bocina llego en el momento justo. Fuerte, con ímpetu, en el silencio de la siesta. Pude ver como se sostenía del poste indicador de la calle y fantaseé luego con haber adelantado su parto. Nunca lo supe porque, claro, ya la había olvidado cinco minutos después de lo sucedido, mientras buscaba algo más.
Tengo que aclarar que nunca busqué niños. Me parece repugnante. Gritan un poco, saltan, hasta se tiran al piso… pero luego ríen como si no hubiese pasado nada. Es como interrumpir el clímax en su mejor momento. Un coitus interruptus totalmente indeseado.
Una vez se lo hice a un policía. La sensación de que iba a sacar su arma buscando venganza fue sublime, amplificando toda sensación de triunfo y también la que siempre tenía, esa recóndita, que sólo yo conocía. El tipo intentó ponerse en su papel de agente y aleccionarme. Lo dejé envuelto en una nube de humo de cubiertas.
Tengo una historia de varios años ya. Como la vez que se lo hice a un hombretón en silla de ruedas, con una pierna enyesada producto de algún accidente… incluso le toque la silla con el paragolpes en un movimiento único que lo dejo casi en coma por la impresión. Y hasta fue doble, ya que la mujer que empujaba la silla de ruedas también recibió lo suyo. Fuimos un trio muy particular; el disfrute me lo llevé yo.
También se lo hice a Claudia, que me reconoció y no tuve mas remedio que saludarla agitando la mano. Creo que habló con mi madre al respecto sobre actitudes enfermizas y si no tenía otra vida que la de estar arriba del auto… no le di importancia. Incluso ahora, luego de esos comentarios, veo que se lo merecía. Pensar que alguna vez soñé con invitarla a cenar, tomar algo y luego de unos bailes, lo mejor: salir a extasiarnos con la mole del Ford y la bocina.
La peor de todas fue cuando el tipo de anteojos sufrió una descarga tal de adrenalina que, en lugar de paralizarlo, se vino directo a mi lado y me dio una trompada en plena cara. Combinar el placer con el dolor fue novedoso y la sensación final, el sentir la entrepierna mojada y húmeda y la cara ardiendo, el incipiente mareo… aún se me eriza la piel de pensarlo.
Creo que no lo había aclarado, pero siempre, luego de cada situación, de cada frenada, del terror en la cara de la gente, luego del enojo, los insultos, escupitajos o golpes incluso, además del éxtasis, siento cómo mis muslos se van entibiando lentamente, cómo el líquido corre hacia abajo, cómo se relajan mis genitales y se crispan mis manos al volante, acelerándose la respiración, necesitando más aire en mis pulmones… porque, claro, yo, como muchos que ves día a día en las calles de mi ciudad, eyaculo utilizando la bocina a destajo.

LGS

viernes, 30 de septiembre de 2011

Reincidentes

Parece que se complicara esta historia, pero tal vez no sea tan así.

¿Quién sabe?

Es que si uno quiere iniciar un camino de expresión literaria, se preocupa en consultarle a la Real Academia Española acerca del significado de un término para darle un enfoque a su carta de presentación y se encuentra con que el bendito significado, supuestamente inspirador, no es exactamente el adecuado para expresar lo que se quiere representar, cuanto menos, la sensación es la de empezar con el pie izquierdo.

Porque casi sin esfuerzo, cuando ideábamos un nombre para identificar este lugar de expresión, surgió la identificación con el ser “reincidentes” en esto de tener un blog y que escribir estaba en nuestra “naturaleza” y poco importaba si lo hacíamos desde la identidad bloggera tradicional o a partir de una transmutación de cuerpo virtual, mas no de alma.

Pero claro, nada es simple en esta vida y resulta que reincidir viene a ser “volver a caer o incurrir en un error, falta o delito”.

Y hete aquí que para quienes vamos a llevar adelante este espacio ni es falta ni es delito el expresarse.

Y mucho menos es un error…

Para complicarla un poco más, debo confesar que la primera palabra que me surgió para hacer referencia a este cuarteto de escribas no fue “amigos”, “socios”, “colegas”… fue “cómplices”, aun antes de recurrir al diccionario.

O sea que tal vez no haya sido casualidad que nos sintiéramos reincidentes. Nos gusta escribir, nos gusta opinar, nos gusta expresarnos, nos gusta comunicarnos y qué mejor que tener un espacio donde encontrarnos y donde se puedan sumar otras voluntades con sus comentarios que, a fuerza de coincidencias y disensos, permitan crecer y desarrollarse, al menos intelectualmente.

Y reafirmo que está en nuestra naturaleza el expresarnos, el dejar salir eso que tenemos adentro. Tantas veces suave y sensorial y cuantas veces áspero y catártico. A veces susurro y otras tantas grito estentóreo.

En fin, acá estamos, como sea. Sabiendo que no sólo nos cuesta abandonar nuestros sentimientos y nuestros seres interiores, sino que nos negamos a hacerlo.

Por eso, seguramente, decimos que somos reincidentes... por naturaleza.