miércoles, 19 de octubre de 2011
Impasse
domingo, 16 de octubre de 2011
Cerrado por derribo
viernes, 14 de octubre de 2011
Mirame
miércoles, 12 de octubre de 2011
De la soltería y otras hierbas
... te transformás en un bicho raro. Y qué decir si no tenés un novio mínimamente "formal". Ahí sos una freaky total. No importa si hasta hace un tiempo estuviste enamoradísima y tu historia fracasó, lo único que cuenta para el resto del mundo es que, hoy, a tus (casi) 30, estás sola. Algo mal debés estar haciendo. Algún "defectito" tenés que tener. Para colmo de males, nunca faltan los descerebrados de turno que te joden la existencia momentánea con sus comentarios desafortunados de mierda. El último que tuve la suerte de escuchar fue el de una persona a la que veo todos los días, pero de la cual, por cuestiones de supervivencia (?), voy a evitar dar más detalles. Vamos a llamarla "Susanita".
Susanita es esa mina con corazón de señora mayor que ronda los 36 años, que se casó a los 18 y que viene pariendo desde los 19, tomándose un respiro entre pendejo y pendejo sólo para que se le acomode la cachufleta en su lugar antes de tener otro. Es divina, pero su mundo se limita a la maternidad. ¿Divina, eh? Pero con una visión del mundo, definitivamente, diferente a la mía. No le importa si no se va de vacaciones hace 10 años, si vive preocupada porque la plata no le alcanza y tiene que hacer magia (y mucha magia) para llegar a fin de mes. Ella procrea, procrea, procrea. Sin pausa. Y todo bien con que cada quien haga de su útero lo que le plazca, pero decididamente, no es lo que quiero para mí.Y vos la escuchás mientras tu cerebro automáticamente empieza a hacer números. Te empezás a acordar de que recién vas por la quinta cuota de ese electrodoméstico divino (pero carísimo) que compraste y que si la matás ahí mismo, por más que alegues emoción violenta, te vas a quedar sin laburo y no da. Entonces tu cuerpo vuelve en sí y con la mejor sonrisa de la compañera del año, le decís:
¿Acaso no es el sueño de toda mujer ir a una clínica, abrirte de gambas y que te metan el esperma de un desconocido "ahí"? (eso sí, desconocido pero de ojitos azules, cuerpo para el crimen y doctorado en Harvard).Por no mencionar lo maravilloso que sería pasar esos nueve meses sola como un hongo de montaña mientras no tenés a quién contarle cómo patea tu bebé. ¿Y qué me decís del parto? ¿Hay algo más atractivo que estar sola gritando como un chancho mientras lo hacen jamón ahumado y que la única que te sostenga la mano sea una enfermera? ¡El sueño del pibe!
Y encima me dice "estás grande".... ¡¡¡Grande!!!
¡¡¡¡¡Grande tenés vos la concha, Susanita cachufleta baqueteada y la puta madre que te parió!
martes, 11 de octubre de 2011
II
sábado, 8 de octubre de 2011
Álbum debut
- Lo siento, el servidor de correos no estará disponible hasta la tarde – repicó la voz cascada en el teléfono.
Quedaba claro que antes y después del llamado su situación era la misma y que su acidez estomacal no iba a desaparecer así porque sí.
- Insisto. Necesito una solución ya! – exclamó.
- Créame que lo entiendo, pero el desperfecto excede a lo que podemos hacer desde esta mesa de ayuda y estamos esperando el servicio técnico.
- Vas a bailar con las más fea - pensó mientras colgaba el auricular e imaginaba el “chucu-chu, chucu-chu” de la monótona letanía que su jefe le descargaba cada vez que alguna complicación asomaba en el horizonte de la tarea cotidiana.
Se dirigió al baño, cumplió paso a paso el masculino ritual de jugar con las bolitas de naftalina de colores, lavarse las manos, mirarse en los espejos como si no se conociera de memoria cada rasgo, y reírse internamente de los ruidos que provocaba el estreñido de turno detrás de la puerta de uno de los boxes.
- ¡Cuánto falta para la noche de hoy! – le susurró sorprendido a su cara frente a él.
Decidió que no iba a soportar a su jefe. Averiguar en la Escuela de Danzas Nativas de la otra cuadra por las clases de malambo para Luca, su hijo de ocho años, era una alternativa más que interesante para ocupar el resto de la mañana.
Atravesó la puerta de entrada a las oficinas. Miles de sonidos, desquiciados ruidos, lo recibieron demostrándole que el centro de la ciudad no era para todos. Un semáforo lo encontró pensando en cuanto amaba el Blues. De la ventana próxima se escapaban los acordes de una banda de garaje que intentaba darle forma de cover al Rockabilly para siempre de Ciro y Los Persas.
- Me gusta más el blues del gato sarnoso – pensó mientras descubría que la versión sonaba bastante similar a la original.
Tanteó el bolsillo de su campera para verificar que su armónica compañera de antaño estaba en su lugar y giró en dirección a la puerta de las salas de ensayo.
Se detuvo. Dudó. Pensó.
Obviamente, entró.
(Dedicado a los seguidores de Ciro y Los Persas)
jueves, 6 de octubre de 2011
Mi día existencial....
martes, 4 de octubre de 2011
(Falta de) Inspiración
Para serles sincera, nada de lo que escribo en este momento de mi vida da para publicarlo en este blog. No sé, no me pregunten, porque ni yo entiendo qué carajo le está pasando a mi cabeza ¡pero no me sale nada! O sí, me sale, pero lo que escribo en este momento no es lo que quiero escribir ni publicar...
Publicar lo que hoy escribo es confundir este espacio con el diván de mi psicoanalista y no da. O da, pero no quiero. Para algo le estoy pagando al usurero ese la mitad de lo que pago por el alquiler de mi departamento. Pero se ve que no me alcanza porque cuando me siento a escribir no hago más que seguir escribiendo sobre las mismas pelotudeces existenciales que hablé con él durante una hora y media. Eso sí, debo reconocer que el sillón en el que apoyo el culo durante la sesión, vale cada centavo. Sentarse ahí es como sentirse Luis XIV. Como en las películas del Rey Sol, así me siento, valga la redundancia, cuando ahí me siento (?).
Iba con una minita, simpática ella, pero la cambié por éste porque la otra me parecía una pelotuda. Este parece que sabe y hablar con él a veces me gusta aunque otras tantas siento que estoy perdiendo el tiempo, ¿viste? Pero al menos está fuerte. Sí, sé que no da ni ahí que me guste mi psicoanalista, de hecho no me gusta, pero está bueno. Tiene una onda Richard Gere (onda dije, no es igual, si fuera igual en este momento en vez de escribir estaría suplicándole que me deje llevar a cabo la sesión sentada en su falda): buen físico, cuarentón, canoso, mirada intensa, sonrisa seductora y una voz cálida y suave, pero masculina que, al escucharla, te hace sentir que no tenés problemas. Pero los tenés, claro. Quizás esa voz sea una estrategia para que le sigas pagando.
Igual es medio veterano, así que aun cuando esté bueno, no da en el target de lo que yo necesito para llevar a cabo mis planes de futuro. Y, de todos modos, juré y perjuré no volver a enamorarme de un tipo que cuando habla, parece que se las sabe a todas. Así que mi psicoanalista no califica en lo más mínimo y, por ende, es simplemente para mirarlo. Y escucharlo, claro. Mirarlo y escucharlo, ponele.
De todas maneras para hacer honor a la verdad, debo reconocer que mis charlas semanales con el psicoanalista me han permitido extraer un par de conclusiones que, al menos por ahora, me son relativamente útiles. Porque mi problema no es existencial, tengo claro quién soy y qué quiero para mi vida. De hecho me va de puta madre en un montón de aspectos. Mi problema actual es amoroso. Sentimental, que le dicen. A eso lo tengo claro.
Así que este tipejo que se llena los bolsillos a costa de mi amargada existencia emocional, me ha ayudado a tener claras un par de cosas, por ejemplo, de qué clase de hombres no voy a enamorarme nunca (más). O planteándolo desde otra perspectiva, de qué clase de hombres quiero enamorarme. El hombre con el que quiero pasar mi vida debe cumplir los siguientes requisitos:
- Vivir en un radio de 30 kilómetros a la redonda
- Que le guste tener las ventanas de la casa abiertas para que entre el sol
- Tener muchas ganas de que seamos papás y formar juntos una familia
- Disfrutar de la mesa familiera los domingos con los tuyos, los míos y los nuestros
- Amar la música y los recitales, aun aquellos llenos de fumones
- Que le guste viajar tanto como a mí
- Que sea soltero, heterosexual (hay que aclararlo, uno nunca sabe ¿vio?) y en lo posible sin hijos (no doy en el perfil de "madrastra" y no tengo ganas de fumarme a una ex de por vida)
Todos estos requisitos son excluyentes, claro. Y no, no estoy dispuesta a negociar. Una vez negocié y me fue como el orto, así que ahora quiero que sea así. No de otra forma. Y quizás algún puto día los planetas regentes en mi vida se alinean y, por qué no, hacen que el hombre que reúna esas condiciones aparezca en mi vida y hacen también que me quiera y que se vuelva loco de amor por mí. Y con un poco de suerte, capaz que también hacen que yo lo quiera, que me vuelva loca de amor por él, que no me importe si ronca, si vuelve de jugar al fútbol lleno de barro y me ensucia la casa... Que todos y cada uno de sus detalles, por hermosos u odiosos que me resulten, me hagan amarlo con locura porque por ellos él es quien es.
Independientemente de todo lo anterior, por el momento no busco a ese hombre. De hecho estoy en una etapa de ir soltando el amor que todavía siento por quien, alguna vez creí, sería el hombre de mi vida. Pero tengo claro que, cuando me sienta en condiciones de amar otra vez, quiero que EL tenga esas características. Y muchas más, claro, que me gusten y que no, pero quiero que seamos compatibles, que no haya obstáculos ab initio, que no tengamos que remarla de arranque, ¿me entendés? Porque se supone que uno tiene que remarla después, no cuando empieza. Eso se lo dejemos a Romeo y Julieta, no a mí que soy un ser humano mundano y corriente. A mí traeme un tipo con el que pueda ser feliz por unos cuantos años y que quizás después, cuando el peso del tiempo y la rutina caiga inexorablemente sobre la relación, tengamos que remarla. Pero al principio no, viejo. Dejate de joder. Al principio deberíamos poder vernos cuando se nos ocurra, besarnos hasta que nos duelan los labios, coger hasta que el cuerpo diga basta, reírnos a toda hora y ver derrumbarse el mundo por la ventana y que no nos importe porque estamos juntos y la felicidad nos hace cosquillas en cada rinconcito del cuerpo. Así de exagerado, así de enamorados, así de locos.
Ahora... Vos mirá cómo son las cosas, Martha: no sabía qué mierda decir y, sin embargo, algo terminé diciendo. Pero terminé diciendo las mismas boludeces que le digo a mi psicoanalista (salvo que está fuerte, que su voz es sexy, que quiero robarle el diván y que es un usurero, claro) y se supone que no era eso lo que iba a decir.
¿No te digo yo? estoy jodida y no se me cae una puta idea. No sé si me explico. ¿Me explico?
domingo, 2 de octubre de 2011
La bocina llego en el momento justo. Fuerte, con ímpetu, en el silencio de la siesta. Pude ver como se sostenía del poste indicador de la calle y fantaseé luego con haber adelantado su parto. Nunca lo supe porque, claro, ya la había olvidado cinco minutos después de lo sucedido, mientras buscaba algo más.
Tengo que aclarar que nunca busqué niños. Me parece repugnante. Gritan un poco, saltan, hasta se tiran al piso… pero luego ríen como si no hubiese pasado nada. Es como interrumpir el clímax en su mejor momento. Un coitus interruptus totalmente indeseado.
También se lo hice a Claudia, que me reconoció y no tuve mas remedio que saludarla agitando la mano. Creo que habló con mi madre al respecto sobre actitudes enfermizas y si no tenía otra vida que la de estar arriba del auto… no le di importancia. Incluso ahora, luego de esos comentarios, veo que se lo merecía. Pensar que alguna vez soñé con invitarla a cenar, tomar algo y luego de unos bailes, lo mejor: salir a extasiarnos con la mole del Ford y la bocina.
Creo que no lo había aclarado, pero siempre, luego de cada situación, de cada frenada, del terror en la cara de la gente, luego del enojo, los insultos, escupitajos o golpes incluso, además del éxtasis, siento cómo mis muslos se van entibiando lentamente, cómo el líquido corre hacia abajo, cómo se relajan mis genitales y se crispan mis manos al volante, acelerándose la respiración, necesitando más aire en mis pulmones… porque, claro, yo, como muchos que ves día a día en las calles de mi ciudad, eyaculo utilizando la bocina a destajo.


